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Diferente degradación de las baterías en los vehículos híbridos enchufables y los totalmente eléctricos.
Un interrogante que siempre está presente a la hora sacarnos dudas respecto a cómo es la degradación de las baterías de los vehículos eléctricos, en especial los totalmente eléctricos y los híbridos enchufables, contempla a los nuevos propietarios, y en especial a los compradores de segunda mano.

Muchas son las preguntas que normalmente salen en las reuniones y charlas de café entre amigos cuando el tema es de autos, y en especial cuando no se cuenta con suficiente información acerca de la adquisición de un vehículo electrificado que necesita recarga eléctrica, con las consideraciones del caso que correspondan apuntando en especial a la posibilidad del reposto en el domicilio particular. De hecho, las dudas son muchas, pero persisten dos en especial que son las que generan incertidumbre: datos tanto de la durabilidad como de la degradación de las baterías eléctricas. Esta realidad es producto de que no se ha expandido mucho el uso de estos PHEV y BEV, quizás por la logística de provisión de energía como de no estar muy predispuesto como futuro usuario al cambio cultural para comprar este tipo de movilidad; en particular, es más fácil tomar la decisión por un híbrido autorrecargable, ya que cuenta con una batería pequeña que no sufre el stress de las cargas externas con potencia, como sí lo padecen los dos casos antes citados, ni tampoco tiene la servidumbre de dicha recarga.

En este marco, y ya entrando en el tema central, para aportar y quitarnos algunas de las muchas dudas que tenemos, recientemente se ha dado a conocer un estudio de envergadura realizado durante 6 años en Alemania, que lo ejecutó la asociación automovilística alemana ADAC en conjunto con el socio de diagnóstico de baterías Aviloo, y a través del cual se recabó información tras analizar la trazabilidad de unos 28.500 vehículos híbridos enchufables (PHEV). En él se analizó y se pudo determinar que las baterías de éstos sufrían una degradación que se desarrollaba en forma más rápida que las baterías que portan los vehículos totalmente eléctricos, pero a su vez las baterías de las distintas marcas lo hacían en forma diferencial y también en función del modo de uso de estas. Dicho de otra manera, el envejecimiento de las baterías recargables de los PHEV resulta más rápido que la de los BEV, pero a su vez lo hacen de una manera distinta. La conclusión del estudio arrojó un mapa de resultados que marca en valores la degradación de las diferentes baterías en función del tamaño de esta, la marca y el uso de ellas.

Con esta data, considero necesario hacer la aclaración que estos resultados son obtenidos partiendo de baterías que fueron construidas hace años con tecnologías que hoy ya fueron superadas; las de ahora disponen de sistemas para prepararla para su recarga, como así también para su refrigeración, aspectos importantes a destacar. Esta data es relevante, ya que tienen su propio peso al considerar la compra de un vehículo usado (de segunda mano) con esas tecnologías empleadas. Ahora pasemos a datos concretos, fruto del estudio realizado con las baterías de los PHEV, que determinan el nivel de degradación en función del kilometraje realizado. Los resultados obtenidos de lo que se llamaría “el estado de salud de la batería” (SoH), refleja el porcentaje de disponibilidad efectiva de la capacidad eléctrica. Consideremos 4 estadíos de medición para registrar la evolución, y que son los 50, 100, 150 y 200 mil kilómetros cubiertos, los que deben reflejar el progresivo deterioro en el tiempo. A los 50 mil dispone el 92% de capacidad; a los 100 mil el 88%; a los 150 mil 84% y a los 200 mil kilómetros registra el 80% de la capacidad remanente.

Con estos números obtenidos, y que en cierta forma están respaldados por las garantías de los fabricantes, debemos entender las razones que fundamentan esta conclusión. Si después de recorrer 200 mil kilómetros la batería sufre una degradación del 20%, necesariamente debemos abordar 2 temas que son muy relevantes a la hora de plantear esta justificación, donde el tamaño de la batería está vinculado directamente con la cantidad de ciclos de recarga, y con la forma de uso de ella. En el primer punto, debemos tener en cuenta que los PHEV portan baterías de menor tamaño que los BEV, por lo tanto, repercute fuertemente la física operativa ya que son sometidas a un mayor estrés de ciclos equivalentes completos a lo largo de la vida útil, lo que incrementa el desgaste químico que ocurre en sus celdas. Debemos sumar el concepto de gestión térmica, donde la refrigeración también es muy importante a la hora de la recarga; sin embargo, tengamos presente que este tema no disponía en aquellos años de tecnologías como las que encontramos hoy, y ciertamente todo influye en el resultado. El segundo punto por considerar es el comportamiento del conductor, ya que el patrón de uso de la batería eléctrica influye directamente en su vida útil. Los estudios demuestran que aquellos PHEV que fueron conducidos con la utilización frecuente en modo totalmente eléctrico, curiosamente han mostrado una degradación más contundente de sus baterías. Por el contrario, los conductores que apelan a una mayor utilización del motor alternativo han podido conservar mejor a sus paquetes de baterías. La explicación es bastante sencilla, pese a que nosotros inicialmente razonemos lo contrario: cada vez que se conduce en modo eléctrico, se genera una descarga de la batería y requiere de su posterior necesidad de recarga. Esto conlleva a completar más ciclos, y la batería va a tener que soportar más estrés de ciclos de carga.

A modo de resumen, podría mencionarles que de estas aseveraciones fruto del estudio realizado, surgen algunas consideraciones para tener en cuenta, en especial si la mirada intenta ser objetiva a la hora de evaluar la compra de un vehículo PHEV de segunda mano. Es una realidad que ofrece una mayor flexibilidad por la combinación de energías de propulsión. Y también no hay que olvidarse que con la evolución de las diferentes tecnologías que se van incorporando en la fabricación de nuevas baterías, los futuros resultados seguramente serán más alentadores. También debemos resaltar que en el análisis general no debemos olvidar el hecho de que la degradación de los paquetes de los BEV es menor por las consideraciones tecnológicas y físicas que mencioné en párrafos anteriores. Y es acá donde el futuro comprador debe colocar en la balanza todos estos temas para decidir de la forma más acertada a su situación particular, tanto de uso como de capacidad logística de recarga. Por último, no olvidemos que a medida que avanza la tecnología y se utilizan nuevos y diferentes materiales en la construcción de las baterías con el aporte de sistemas de preparación para la recarga y de sistemas de refrigeración más eficientes, vamos a poder contar con paquetes de baterías que nos van a ofrecer una mayor vida útil, mayor autonomía y una degradación más controlada que va a prolongar el estadío de envejecimiento en su vida útil.



