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Porsche 911 Carrera T con la entrañable caja manual.

Hoy la tecnología está presente y demandada en todos los niveles y por todos nosotros, en especial cuando la exigencia extrema requiere cada vez con mayor intensidad el auxilio de herramientas que actúan de forma autónoma en función de una computadora que ordena tareas para satisfacer nuestros requerimientos.

Al mencionar esta realidad que nos apabulla, obnubila y a su vez nos enceguece hacia una carrera de demandas cada vez más fuerte, genera una situación que pocas personas se van percatando. Y en cierta forma es así, ya que a medida que pasa el tiempo, como conductores hacemos cada vez menos cosas de las tradicionales y nos hacen cosas que en cierta forma genera una pérdida de sensibilidad en el quehacer del manejo, pero también nos hacen sentir más cómodos y seguros. Esta situación es muy propia de la realidad por la que nos toca atravesar. Pero tampoco significa que debemos desechar lo que hace mucho tiempo nos motivaba y nos hacía latir el corazón vivazmente al sentir ese impulso por disfrutar no solo los sonidos del motor alternativo, sino también cuando el hecho de interactuar con el automóvil esforzando nuestro desempeño en el quehacer diario y en aquellos momentos que aflora nuestra adrenalina.

La comodidad da mucho placer y relax en el transcurso de nuestra conducción, pero también es bueno recordar y retomar la costumbre de esos momentos donde uno tiene el control total y manual del auto. En lo citadino esto se vuelve tedioso, pero cuando queremos disfrutar alejados del tránsito diario, es bueno disponer de todos los controles de nuestro propio auto para poder tener el control manual de todos los sistemas. Uno de los aspectos por los que quiero hacer hincapié, precisamente es por la posibilidad de disfrutar de una caja de cambios manual en esos momentos donde el placer de la conducción toma contacto con nuestro vehículo, y en especial cuando nos referimos a uno con total comportamiento deportivo. Este aspiracional no hace más que rememorar ese espíritu de salir a escuchar ese ruido del motor y poder controlar los “rebajes” ante cambios de revoluciones que nos motivan positivamente.

Hecha esta introducción, y dejando asentado que en cuanto a gustos no hay nada escrito, me gustaría ir a lo medular y objetivo de esta nota, y que por cierto es muy emotiva ya que precisamente me voy a referir nada menos que a un aspiracional super deportivo como lo fue, es y será en nuestra historia, el mítico Porsche 911 en su actual versión Carrera T, pero con caja de cambios manual de 6 marchas. Con el motor bóxer biturbo de 6 cilindros y 2.981 cm³ que entrega una potencia máxima de 394 CV a 6.500 RPM y un torque máximo de 45,8 Kgm entre las 1.950 y 5.000 RPM, este Porsche hermana esta planta de poder a una caja manual de 6 marchas con diferencial autoblocante mecánico y el sistema Porsche Torque Vectoring. Respecto a la transmisión manual, mucho hay de historia entre los ultra fans de la marca, donde siempre sostuvieron con firmeza la necesidad de conservarla, porque ella evoca una tradicional declaración de principios de la conducción: que la relación entre el conductor y la máquina se conserven en su estado más puro.

Con el tiempo, se van entremezclando objetivos del fabricante y gustos o deseos personales, ya que los hay de lo más variados. Por un lado, están los que tratan de exprimir al máximo la tecnología con el fin de mejorar siempre el registro del cronómetro en un circuito. Y en el otro extremo, están los conductores que simplemente desean manejar sintiendo esa conexión entre él y la máquina, donde las decisiones las va tomando de acuerdo con sensaciones y necesidad de decidir tales acciones. Probablemente este tipo de conductor prescinda de toda la tecnología que hoy es demandada y que ve reflejada en pantallas de última generación, ya que necesita otro tipo de “conexión”. Precisamente con esa idea, a este producto Porsche lo identifica con la letra “T”, cuya definición pasa por lo que históricamente Porsche identifica a sus vehículos que resultan de las versiones más “livianas” de peso, con el menor nivel de equipamiento (el más austero). Así las cosas, conceptualmente apuntan a una mayor participación del conductor, poniendo sobre la mesa sus propias capacidades, deseos y gustos.

Como resultado, este 911 Carrera T termina siendo un deleite de sonido del motor bóxer biturbo que entrega su potencia de una manera lineal en cada marcha, donde cada salto del cuentarrevoluciones por cambio de marcha significa trabajo del conductor, sintiendo el disfrute del control de lo que sucede. A este contexto, se le debe agregar la posibilidad de disponer del sistema denominado auto-blip del que dispone esta versión, al que le echa mano en el momento de rebajar las marchas. Esta operación consiste en subir las RPM al embragar y de esta manera “emparejar” las vueltas del motor. Este efecto es conocido en la jerga deportiva como simular y reemplazar el acto de “punta y taco”.

Bueno: he intentado interpretar y transmitirles unas pocas sensaciones que más valoran y destacan con toda convicción, los puristas de la conducción deportiva. Y a modo de cierre, quiero resaltar que el hecho de contar con todas las ayudas y herramientas de última tecnología, no empañan la conducción deportiva, sino que intentan complementar la acción del conductor aportando a la seguridad y a la automaticidad. Todo es parte de un abanico de opciones que la legendaria marca Porsche nos ofrece cubriendo todas las opciones de requerimientos de un público más que exigente y demandante, contemplando versiones desde las más extremas hasta las más terrenales”.

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Alberto Mario Kuchen

Apasionado por los autos. Familiarmente vinculado a este maravilloso mundo y al de las carreras de autos: mi padre que corrió en la década de los años 60 con el seudónimo de Sandokán. Como Ingeniero Mecánico Aeronáutico, la tecnología en pos de la seguridad y la mejora continua, siempre llamó mi atención. Mi compromiso con ustedes para compartir e investigar en todo lo que viene.

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